Arenum
Al principio la dejé entrar hasta la puerta que estaba entre abierta, un límite invisible, insustancial. En verdad siempre he permitido que entre y merodee por los pasillos porque tienen un comienzo y un final. A veces sin permiso entra a las habitaciones, algunas atiborradas de ideas abandonadas mientras otras, en pleno resplandor, todas roban su atención. Ya adentro, se vuelca en el piso, panza arriba y se divierte un poco con una mota que la briza le ha traído en una danza suave, luego su mente divaga en el aburrimiento de tantas posibilidades. No tiene afán, su actuar va despacio pero no sus pensamientos. Cuando se pasea por el patio es cautelosa, en campo abierto tiene más cuidado, prefiere menos atención, parece libre . Cruza el vestíbulo y se mira en el espejo que está al lado de la ventana y se reconoce salvaje en su interior, gata sonríe y su pómulo se eleva delicado y frívolo. Lleva su mirada a través de la cortina, y todo gesto se desvanece cuando contempla lo q...

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